Dulces gestos y tiernas miradas. Un cuento muy especial.
DULCES GESTOS Y TIERNAS MIRADAS
por Silvia G. Guirado ©
A mi yaya María Esperanza
Ella pasea por la playa como otro día cualquiera. Para ella el tiempo ha dejado de ser tiempo. De su mente ha desaparecido ese término, como tantos otros.
Ella sólo pasea por la playa. Los años han encorvado su figura y las arrugas tejen su piel. Su caminar es pausado y el cansancio de la vejez la obliga a reposar constantemente. Se para y observa el mar. Y éste ya no le dice nada. Y los niños que juegan cerca de ella tampoco. Es un ser errante que camina hacia la muerte.
Hace ya algunos años que el olvido penetró su mente y rasgó su alma. Desde entonces el sufrimiento y el dolor han forjado su existencia. Por ello, las lágrimas constantemente brotan y se asoman por sus taciturnos ojos. Ahora esas agrias lágrimas se confunden con el mar. Con un mar que ya no significa nada para ella.
Los recuerdos se distorsionan y desaparecen de su mente desde que ese maldito olvido habita en ella. Y la rabia y la impotencia nos sacuden, nos invaden porque ni ella, ni yo, ni ningún sabio es capaz de detener el objetivo del olvido: llevársela para siempre.
Mientras ella camina por la playa, consciente e inconsciente de su tragedia, yo la observo desde la lejanía. No puedo evitar rememorar a aquella mujer fuerte y tierna que me sostuvo en mis primeros pasos y que me relataba cuentos en la niñez.
Ahora, a menudo, es ella la que debe apoyarse en mi brazo y escuchar de mi voz historias ya casi incomprensibles para ella. Como incomprensibles son sus palabras, sus medias frases que la trasladan a una hipotética infancia. Ella es un niño que necesita de los demás para sobrevivir, pero con una conciencia de adulto que aún es capaz de discernir que ya no es la de antaño, la que sobrevivió a la penuria de una guerra y la que fue feliz en su juventud.
El mar borra las huellas que a su paso va dejando por la arena como si se trataran de esos recuerdos ya perdidos en el horizonte.
Se sienta temblequeando en una roca y extrae de su bolsillo un pañuelo blanco impoluto. Se seca las lágrimas y los ojos, ya cansados de tanto llanto. Al momento, vuelve a levantarse y emprende otra vez camino a lo largo de la playa. Y es que el olvido aún no ha conseguido podar del todo su enérgico y activo espíritu. Y sigue andando sin rumbo, sin destino. Para ella el mañana es una dura carga que no existe y el pasado algo ya remoto y casi olvidado.
Sus pies se detienen y mira a su alrededor. La angustia desdibuja su rostro porque por unos instantes ha perdido la orientación y la soledad ha embargado su cuerpo y su alma. Por eso yo corro desde la lejanía. Me acerco a ella. Aunque no pueda pensar o hablar con claridad para expresas sus temores, sé que necesita la presencia de alguien para que los fantasmas del miedo se esfumen. La cojo de la mano y el contacto de mi mano con la suya le hacer derramar una lágrima, pero, esta vez, de alegría.
Y la miro a sus ojos taciturnos y ella me mira y me sonríe. Una débil sonrisa, pero plena y sincera.
Los dulces gestos y las tiernas miradas, a veces, tienen más significado que cualquier otra palabra.
Silvia G. Guirado ©
Este texto fue escrito por la autora a la edad de 17 años. Nuestro catálogo dedicado especialmente a los abuelos le ha hecho recordar lo que sintió una vez. Agradecemos enormemente a Silvia el quererlo compartir con nosotros y sólo añadiremos lo siguiente: los ancianos, al contrario de volverse niños, se transforman en sabios tan sumamente inteligentes que su experiencia decide, poco a poco, trasladarse a un mundo sin fin...
Queda totalmente prohibida la reproducción de este texto sin la autorización expresa de la autora Silvia G. Guirado ni los que firman esta publicación, la Dirección de Los Cuentos de Bastian (www.loscuentosdebastian.com)


















Hola Maria Elvira, encantados
Hola Maria Elvira, encantados que te cuente el relato de Silvia. Puedes compartirlo, siempre que utilices nuestro enlace, pues nuestra continuidad depende de que sigáis visitándonos. En cuanto a los cuentos o talleres que nos preguntas: organizamos actividades y trabajamos los libros para niños y jóvenes, aunque muchas acciones son extensibles a la tercera edad. Si nos envías un mail a info@loscuentosdebastian.com dándonos más detalles, podremos hacerte algunas sugerencias.
Saludos muy cordiales,
Hola, buscando otros
Hola, buscando otros contenidos... como pasa siempre creo... encontre este cuento relacionado con la tercera edad que me ha gustado michicimo y si me lo permiten quiiera compartirlo... soy bibliotecaria de una biblioteca popular de Argentina y tambien comparto actividades y tiempo con el grupo de profesores que se encuentran a cargo de las actividades con los mayores, quisiera saber si tienen material para poder tabajar con ellos que puedan compartir, como cuentos o que tipo de talleres se podrian hacer con ellos desde el punto de vista de una biblioteca, para ellos y para que compartan con niños. Muchas gracias, muy buena su pagina. Ate Maria Elvira
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