Mi abuelo Carmelo
La presentación de este libro, permitidme que sea un poquito especial y diferente, pues tengo el placer de compartirla con el catedrático de lengua y literatura Joan M. Soldevilla, con quien comparto recuerdos muy familiares y quien, además, estuvo “académicamente” asociado con el autor de este libro, Dani Torrent. Una reseña en círculo para un libro redondo.
Vi por primera vez este libro en la librería y me paré delante de él, porque la portada lo dice todo. Un abuelo y un niño pequeño observando las golondrinas volar más allá de las nubes. Los dos con escoba en mano, como una lanza en posición de descanso. El abuelo reposando su mano suave y tiernamente sobre la cabeza del pequeño. El cielo, un enorme sobre repleto de viajes, recuerdos e historias. Desde aquel día, me quedé con aquella imagen.
Se dio la casualidad – aunque no creo en ellas – que Joan M. Soldevilla me habló de este libro. Precisamente lo presentaba junto con su autor, Dani Torrent. Permitidme vosotros y el propio Joan M. que transcriba algunos párrafos de esa presentación (escrita en catalán. Hacemos aquí una traducción libre de Los Cuentos de Bastian, con permiso del autor, en la versión en catalán, lo incorporamos en versión original). Joan M. Soldevilla escribió:
“¿Por dónde empezar a hablar de este libro? Pensé empezar por el dibujo o hablando del retrato de los personajes, pero me pareció que ambas aproximaciones resultarían poco prácticas, pues el libro muestra una coherencia tan intensa entre dibujo y texto que iniciar una reflexión sobre el libro descomponiendo sus elementos tenía algo de disección de cadáver que no haría justicia al producto...
Mirando y remirando el libro me fijé en los márgenes de la portada y fue entonces cuando di con la solución. Empezaría a hablar del libro por los márgenes.
Este libro es una carta y, más concretamente, una carta aérea. Un aerograma, qué palabra más sugerente... Es una carta que el autor envía a su pasado y a su abuelo, cargada de emociones y vivencias. El libro, surgido de una experiencia autobiográfica, nos habla de cómo un niño y su abuelo miraban el cielo, de cómo observaban las nubes y las golondrinas, de cómo dialogaban con la naturaleza. Y cómo, años después, mirando el cielo y las golondrinas, el autor continúa dialogando con la naturaleza y con su abuelo, ya desaparecido, a quien envía esta carta.
Mi abuelo Carmelo es un libro osado, porque nos habla del recuerdo y, por encima de todo, de porqué crecer supone un abandono del mundo edénico y el inicio de un camino que nos lleva hacia la pérdida de las personas queridas. Pero, al encarar una experiencia tan dolorosa, el autor rehusa el dramatismo y nos habla con ternura y armonía. Crecer es nuestra gran aventura, parece que nos diga el autor, pero crecer es también asumir el dolor que vamos recogiendo a lo largo de nuestra aventura personal. Para llevar a cabo esta reflexión, Dani explica una anécdota, sencilla y aparentemente intrascendente, como es el juego que él y su abuelo desarrollaban cuando acababa de llover. En el jardín de su casa, cuando la tierra aún estaba húmeda, abuelo y nieto cogían las escobas y dibujaban en la tierra, con el agua de los charcos, efímeras creaciones que poco después se evaporaban y desaparecían. En este entretenimiento tan inocente se articula un complejo discurso de comunión con la naturaleza; el abuelo lee el lenguaje de las nubes y de las golondrinas y enseña al niño cómo la naturaleza tiene un lenguaje cifrado que deberá entender y cómo la única manera de entenderlo es a través de la creación artística, gratuita y efímera que vuelve a fusionarse con el entorno que nos rodea. El abuelo es un maestro, un guía que muestra al pequeño niño cómo el arte puede explicar aquello que es inefable. Años después, el niño, ya adulto y artista, crea una pieza para explicarnos a nosotros, los lectores, una experiencia inefable: el recuerdo de su abuelo.
...
Las golondrinas, viajeras y constantes en todo el libro, a menudo metamorfoseadas gracias a la magia del dibujo en peces que vuelan como los pájaros, son unos elementos recurrentes en todo el libro. Las golondrinas y las nubes, son los motivos que explicitan el paso del tiempo, como “el jardín se hará nuevo cada año”, que decía Juan Ramón Jiménez; y así como el abuelo Carmelo llegó a saber el lenguaje secreto de la naturaleza, el niño Torrent, en este libro, se nos muestra poseedor de este secreto arcánico que él explica a través de la creación artística.
Yo no conocí a mis abuelos ni mis hijos tampoco han podido hacerlo. Para mí, esa experiencia es algo ajeno y desconocido. A pesar de ello, Mi abuelo Carmelo, me ha hecho sentir nostalgia de aquello que yo no viví, de una infancia edénica donde el abuelo encarnaba la sabiduría pero no la autoridad, el afecto puro y desinteresado, recíproco y generoso.
Como decíamos, el libro es una carta, pero una misiva que a la vez se alimenta de cartas. Todo el libro está acompañado de una selección de cartas reales que, mediante la técnica del collage, se incorporan a las composiciones gráficas. Cartas reales enviadas por Dani o cartas del propio abuelo Carmelo, cartas de los años noventa y cartas de los años sesenta enviadas desde Florencia, Mónaco, Algeria, Aranjuez, Turquia, Túnez o Portugal. Espacios mediterráneos que injerta de luz todo el libro, postales y cartas con los márgenes azulgrana del correo aéreo, que viajan arriba y abajo como las golondrinas, como las nubes, como los recuerdos y los afectos.
El libro es una carta en la que yo oso ponerle el sello para, querido público, enviárosla, animando a todos a descubrir esta maravilla.” (Trad. Libre de la presentación de Joan M. Soldevilla para el libro Mi abuelo Carmelo, de Dani Torrent, en el Museu del Juguet de Catalunya, en Figueres – muy recomendable, por cierto – el pasado noviembre de 2011).
Yo, como Joan M. Soldevilla, tampoco conocí a mis abuelos. Mis hermanos, los mayores, me hablaban constantemente de ellos y recordaban las experiencias que me hubiera gustado vivir y saborear. Con Mi abuelo Carmelo, he logrado vivirlas y he conseguido que esos ojos inmensos, del Dani niño, sean también los míos. Quizás por eso insisto en que mis hijos, que sí tienen aún a todos sus abuelos, jueguen y se diviertan con ellos. Mi suegra a menudo me pregunta muy cortésmente: ¿te ayudo?¿quieres que haga algo? Y yo siempre le respondo: jugar con tus nietos.
Recomendaba este libro a partir de 6 años, pero quizás, después de esto, debería recomendarlo para vosotros, los que tuvisteis y también los que no conocisteis abuelo. Disfrutadlo juntos con los niños, para aprender a valorar lo que se tiene, a tiempo.
Agradezco la colaboración de Joan M. Soldevilla y su gentileza al compartir su texto para la presentación de este libro, pues nos ha ayudado a querer más este álbum. Con Dani Torrent y este álbum confirmamos de nuevo que las mejores creaciones son las que surgen de la propia experiencia.
Un libro para compartir adultos y niños de más de seis años. Un álbum para soñar y recordar.
La página de la editorial incluye más información.
En la página del autor, Dani Torrent, encontraréis cosas muy interesantes.
Disculpad la extensión de esta reseña, pero este libro, es especial.



















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