Por qué nos gusta la música
El libro consta de tres partes: la primera hace un repaso por la historia y la ciencia para encontrar el sentido, lugar y el origen de la música. La segunda parte reflexiona sobre la evolución de los gustos musicales y la función de la música en el hombre para comprender qué nació primero: si la música o el lenguaje. La tercera parte explica los efectos de la música sobre el cuerpo, la mente y la sociedad, al tiempo que cuestiona algunos mitos.
Un análisis riguroso acerca de todos los ámbitos que abarca la música, más reflexiones que nos hacen pensar por qué nos gusta a nosotros mismos y en qué medida dependemos de ella. La música, en cualquiera de sus formas y estados. Estamos rodeados de música todos los días, consciente e inconscientemente. La música que nosotros ponemos voluntariamente nos acompaña en nuestros quehaceres, pero también la música del metro, del supermercado, en la televisión o la radio, la que oímos del vecino o la del coche que para en el semáforo con la ventanilla bajada y el volumen al máximo. La música envuelve nuestras vidas, tanto la que queremos como aquella que, más que música, preferimos llamar “ruido”.
¿Por qué nos gusta la música? Porque produce placer, porque altera los sentidos y afecta los sentimientos. Porque nos impulsa al movimiento o a la relajación. Porque provoca sonrisas y lágrimas, porque nos permite expresar nuestra propia identidad y definirnos ante el mundo.
Personalmente la música me ha acompañado desde la infancia y lo sigue haciendo hoy, cuando canto para calmar a mis hijos, cuando me pongo el iPod en el autobús, cuando quiero mostrar que estoy alegre, cuando comparto momentos con mi pareja... la música hace que cada instante en que somos conscientes de envolvernos con música de nuestro gusto, sea único.
Silvia Bencivelli recoge en este ensayo todos los estudios y referencias de la música, desde su origen hasta la actualidad, para hacernos entender el conjunto y su significado. Es así como, después de la lectura, podemos entrar en el debate de ¿Por qué nos gusta la música?
Recomiendo este libro a los adultos. Es interesante conocer de qué manera afecta la música a nuestros sentidos y cómo se estructura en el cerebro. Así comprendemos ciertas acciones humanas y respuestas ante la música. También nos dota de más criterio si conocemos el origen y la comparación con otras especies animales. Pero lo que más válido me parece del libro y la razón por lo que lo incorporamos en nuestro catálogo es la parte que afecta a los niños, tanto el efecto en ellos de la música como nuestra manera de relacionarnos con ellos a través de las notas musicales. Cantamos a nuestros bebés para transmitir todo aquello que no podemos hacer a través del lenguaje, porque aún es pequeño y porque hay sentimientos que se expresan mejor musicalmente. Cantamos a los pequeños como si nuestra voz se transformara en unos brazos que le rodean, abrazan y protegen y conseguimos así que el pequeño se relaje y se sienta seguro. Es posible incluso llegar a abrazarle sin siquiera tocarle, a través de la música.
Aprendemos también el efecto que tiene en su etapa de crecimiento y lo importante que puede ser que tenga un conocimiento amplio de la música. Y nos vamos más allá y añado cómo la música permite que nos relajemos y compartamos momentos con ellos, con los pequeños y con los jóvenes; momentos en los que el mundo desaparece y sólo estamos nosotros, adultos y chicos entre notas musicales, bailando, cantando y riendo. Eso es estimulación, no sólo por el mero hecho de que escuchen música, sino porque con ella, también enseñamos otra manera de compartir: sonidos, notas y sentimientos.
No puedo acabar esta reseña sin incorporar alguna pieza musical, pues resulta inevitable. Aprovechando que el libro trata el tema del llamado “Efecto Mozart”, sólo indicaré que no está claro que escuchar a Mozart aumente la inteligencia. Así que no os empeñéis en poner el mismo disco mil veces al niño, porque quizás con dieciocho os lo tira por la cabeza. Mozart está bien, como otros grandes de la música clásica, y debe ser escuchada por niños y jóvenes; pero combinemos con todos los estilos para darles amplitud y mayor margen a su conocimiento y oído musical.
Puede que la música de Mozart nos guste más o menos y salvemos de pleno o de refilón la música clásica en general. El caso es que el Réquiem de Mozart, en este caso, es una pieza sublime y así lo muestra esta escena. Pero lo más significativo de ella es la observación de lo evidente: de cómo la música consigue, sin discusión alguna, unir incluso a los más perversos enemigos. De cómo la música apasiona. Pues cuando escuchamos una pieza como ésta, en ese instante, nos olvidamos de todo. Confieso que esta película es una de mis favoritas y opino que esta escena es una de las mejores de la historia del cine.
En el enlace de la editorial, podéis acceder a más detalles.




















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