Un intruso en mi cuaderno
Premio Ala Delta XXIII de literatura infantil
Ayer a media mañana entró una mariposa en mi despacho, mientras yo trabajaba. Se acercaba a mí inevitablemente. Debieron gustarle los colores de mi vestido. Me había preparado ya para salir, llegaba tarde, pero quise continuar un poco más. Algo me retuvo allí. La mariposa volaba sin cesar, asustada y desorientada, y se empeñaba en acercarse a mí, buscando refugio. Alcancé un cuenco de la cocina y logré meterla dentro, tapándola suavemente para no desconcertarla aún más. Enseguida la liberé al exterior y cerré la ventana. Me senté en la silla sin dejar de mirar y pude observar cómo insistía la mariposa en volver a entrar, dando golpecitos contra la ventana, hasta que comprendió que su camino estaba muy lejos de allí, hacia las estrellas.
Me apresuré a acudir a mi cita, no sin antes coger un libro, para aprovechar el tiempo que me quedara libre entre cita y cita con un tonificante café y unas letras para soñar. Mi instinto me hizo escoger aquél, Un intruso en mi cuaderno, sin pensar racionalmente que el intruso había sido, precisamente, aquella mariposa.
Una historia de valor, amistad y soledad inmensa. Preciosa metáfora de lo que significa la ilusión. Creer que podemos y debemos seguir adelante, creer que hay un amigo para cada corazón, creer que la vida tiene sentido más allá de las circunstancias personales, creer que nuestro gran tesoro es quien nos ama desinteresadamente y que unos a otros nos debemos la magia. Porque es cierto que existe, sólo es necesario quererla encontrar. En realidad es sencillo, sólo necesitamos saber mirar, escuchar y percibir todo cuanto nos rodea, visible o invisible.
La historia que se cuenta en Un intruso en mi cuaderno es la de Mariano y Carlota, dos héroes capaces de superar lo peor sólo con una herramienta, su amor e ilusión. Pero ésta es también la historia de todos los que anhelamos un final feliz para historias imposibles, aquellas en las que la única salida es tener ánimo y valor, para seguir adelante, todos juntos.
Una enfermedad no se supera en soledad, quien lo intenta así, perece. Las dificultades, de cuerpo o de espíritu, se superan rodeándonos de aquellos que realmente nos aman, pese a todo y ante todo, y creyendo que juntos es posible encontrar un final mejor. Sea cuando sea, que sea con amor e ilusión. Sólo así la vida tiene sentido, sólo así seguimos adelante. Mientras haya alguien que nos ame y nos recuerde, seguimos vivos y a ellos les debemos un pequeño gran esfuerzo, el de creer que es posible y querer avanzar.
Gracias a David Fernández Sifres por recordar cómo son de importantes todos los que están al lado de un enfermo, tampoco descansan ni duermen, sólo esperan, acompañan y animan, siempre adelante. De otro modo, no funciona.
Ahora ya sé lo que me decía aquella mariposa que entró en mi habitación, que cuando crees, todo es posible y que las alas te las fabricas tú, con ayuda de quien te quiere.

Este libro es muy especial. Es delicado y sensiblemente emocional, para que lo lea cualquier persona, pequeña, joven y adulta, porque habla de la felicidad. Recomiendo encarecidamente que lo leáis conjuntamente, mayores y pequeños. La editorial lo recomienda a partir de los ocho años. Yo incluso me lo llevo a los de seis años, para contárselo como un cuento, para que conozcan que es posible ponerse enfermo y que la muerte a menudo pasa por nuestro lado. Por eso hace falta creer y confiar en quien bien nos quiere, porque juntos es como creamos una fuerza y valor indestructibles. El hombre no ha nacido para estar solo, ni en los momentos buenos, ni en los malos.
Una historia preciosa que me ha hecho derramar lágrimas de felicidad.
En este enlace encontraréis más información del libro, en un corto realizado con motivo de la entrega de premios Edelvives 2012. Un intruso en mi cuaderno ganó el XXIII Premio Ala Delta de literatura infantil.
Encontraréis más libros del autor en nuestro catálogo de literatura infantil y también de literatura juvenil en www.loslibrosdebastian.com




















Uy! Silvia! Mi intención no
Uy! Silvia! Mi intención no era hacer llorar, sino mostrar el precioso cometido de este libro. Me encantará compartir contigo las impresiones tras tu lectura... con una sonrisa muy, muy grande.
Saludos y muchas gracias por compartir,
Me has hecho llorar. Con eso
Me has hecho llorar. Con eso te lo digo todo. Así que si me leo el libro ya puedo ir preparando pañuelos.Besos
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